sábado, 8 de marzo de 2014

Taller de reflexión: El Sistema Sexo-Género: 5 La socialización diferencial y el papel de los agentes socializadores.

La socialización diferencial y el papel de los agentes socializadores                                                                                                                                                                     



El proceso de socialización es permanente y tiene lugar de manera permanente a lo largo de la vida de los seres humanos.

Socialiación primaria: Es la primera socialización, en el entorno familiar y social más cercano, donde tiene lugar la adquisición de los elementos básicos de la identidad de género.

La socialización secundaria, en la que tiene lugar la interacción de la persona con las instituciones, a través de la enseñanza, los medios de comunicación, etc., confirma y legitima la asunción de la identidad y la adscripción a los roles preestablecidos en función del género.

Los roles o papeles sociales asignados a los sexos desde el sistema de sexo-género reflejan la jerarquización sexual: mujeres y hombres van a desempeñar trabajos y a ocupar espacios diferentes. Esta “especialización de tareas” se convierte en desigualdad para las mujeres, al ser relegadas o dirigidas a los trabajos no valorados socialmente o no remunerados (por ejemplo, el trabajo doméstico), en espacios despojados de poder y de recursos (el espacio de lo privado).

Por división sexual del trabajo se entiende comúnmente la especialización de tareas que producen las sociedades en las personas en función de su sexo, a través prioritariamente de su papel en la unidad familiar.

La antropología demuestra que las tareas asignadas a los sexos pueden cambiar de una cultura a otra, pero hay una tendencia general a atribuir a las mujeres como función primordial la crianza de la prole, el cuidado de las personas y el trabajo doméstico, mientras los hombres se especializarían en el trabajo extradoméstico y la participación en los asuntos públicos.

En la mayoría de las sociedades, esta división sexual del trabajo se traduce en desigualdad para las mujeres por cuanto la valoración social y económica y el reconocimiento simbólico de las tareas adjudicadas a ellas es inferior, lo que les reduce su nivel de autonomía y poder de decisión.

La separación de los ámbitos público y privado/doméstico formó parte del discurso legitimador del patriarcado moderno que acompañó el nacimiento de las democracias modernas y que determinó la exclusión de las mujeres del ámbito público y su segregación en el doméstico.



Recordemos el pensamiento del filósofo Jean Jacques Rousseau y otros ilustrados liberales, como Locke, que justificaron la educación diferenciada según el sexo; los varones debían ser preparados para su dedicación a los asuntos públicos, como plenos y ejemplares ciudadanos, atendiendo a las necesidades de la República; las mujeres, en cambio, debían prepararse para atender las necesidades de los varones de la familia, asumiendo las tareas en el hogar, cuidando y acrecentando el patrimonio familiar y produciendo herederos.

El trabajo y la dedicación de las mujeres, en la esfera de lo privado (lo familiar, lo doméstico, lo reproductivo) garantiza las condiciones para que los hombres se dediquen en exclusiva a la esfera de lo público (lo político, lo productivo).
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