sábado, 8 de marzo de 2014

Taller de reflexión: El Sistema Sexo-Género:4 El sistema de sexo-género. Conceptos y componentes. Identidades, roles y estatus de género. La división sexual del trabajo. La asignación de género en los espacios público y privado.

El sistema sexo-género                                                                                                                                                                                                                                                       


Nosotras y Nosotros Nacemos iguales. Lo natural:
solo se diferencia nuestra biología, el sexo
El sistema de sexo-género (también llamado sistema de los sexos, o sistema de género), es la formulación elegida para hacer visible la estratificación o jerarquización de los sexos que impone el patriarcado: hombres y mujeres iguales en pertenencia social, edad, raza, etnia o religión son sin embargo desiguales en cuanto al acceso a los recursos, al reconocimiento social y a la participación en las estructuras de poder.

“No existe ninguna sociedad conocida en la que el sistema de estratificación de los sexos favorezca a las mujeres” (Janet SALTZMAN, 1989). 

El sistema de sexo-género se articula sobre una jerarquización sexual y se realiza históricamente en sociedades patriarcales.

El sexo no es el género

Sexo: Las características biológicas que definen a un ser humano como hombre o mujer. Los conjuntos de características biológicas no son mutuamente excluyentes, ya que existen individuos que poseen ambos, pero estas características tienden a diferenciar a los humanos como hombres y mujeres (Organización Mundial de la Salud).

Género: Se refiere a la gama de roles, relaciones, características de la personalidad, actitudes, comportamientos, valores, poder relativo e influencia, socialmente construidos, que la sociedad asigna a ambos sexos de manera diferenciada.
El género es otro concepto central de la teoría feminista. Con él se referencia la construcción sociocultural de los femenino y lo masculino, con los efectos ya comentados de contribuir al establecimiento de una jerarquización sexual en las sociedades, mediante la primacía de lo masculino y la inferiorización de lo femenino.


Comienzan las diferencias, al sexo le asignan colores lo convierten en género: lo cultural, lo cambiante

La filósofa existencialista Simone de Beauvoir sentó las bases del concepto (aunque sin denominarlo así), al señalar en su obra El segundo sexo (1949) que:

“No se nace mujer; se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto… al que se califica de femenino”.

En un artículo fundacional del concepto, en 1975, la antropóloga Gayle Rubin definió el sistema de sexo-género como un “conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos humanos”.

Es el paso del sexo al género, o, por decirlo de otra forma, de lo universal, natural, permanente y biológico a lo cambiante, construido, histórico y cultural.


La teórica feminista norteamericana Seyla Benhabib (1990) sintetiza así el sistema de sexo-género: 
“... el modo esencial en que la realidad social se organiza, se divide simbólicamente y se vive experiencialmente. Entiendo por sistema de sexo-género la constitución simbólica y la interpretación socio-histórica de las diferencias anatómicas entre los sexos...”.
“Los sistemas de sexo-género históricamente conocidos han colaborado en la opresión y explotación de las mujeres”.


Tomado de: http://qacontent.edomex.gob.mx/idc/groups/public/documents/edomex_archivo/pdftransversalizacion.pdf

En otro trabajo de referencia obligada, el artículo de la historiadora Joan Scott “El género: una categoría útil para el análisis histórico”(1986), el género se define en base a una doble premisa: “es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y es una forma primaria de relaciones significantes de poder entre los sexos”.

Teorías más recientes, de base postestructuralista, han puesto de relieve el carácter construido socialmente también de la sexualidad, cuestionando el discurso binario sobre el que se asienta la teoría clásica de género: las dicotomías sexo / género, lo biológico /lo cultural...

Judith Butler habla de la superación de la normatividad del género, a través de la proliferación paródica, trangresora, de las identidades de cada sujeto. Según esta postura, el género no determina la identidad, sino que ésta se elige y se cambia.

Componentes del sistema de sexo-género:

1. La identidad sexuada o identidades de género.
2. Los roles o papeles sociales de género.
3. El estatus o jerarquía de género.

Así el  mandato social en que se basa la funcionalidad del género requiere la interacción de:
1. Modelos y normas.
2. Refuerzos positivos y sanciones.
3. Estereotipos de género.

La construcción de la identidad sexuada (el componente psicológico) según el mandato de género, comienza ya en la primera infancia (según algunas teóricas, incluso antes de nacer, por las diferentes expectativas que genera el sexo del feto; recordemos fenómenos como el feticidio o el infanticidio femenino en algunos lugares de Asia o en nuestra historia pasada).


Pueden observarse todavía con bastante frecuencia en nuestro entorno (y de manera más acusada en otras sociedades) diferencias de vestimenta, estimulación física, trato afectivo, juegos tolerados, diferencias lingüísticas y ocupación de espacios entre niños y niñas, conforme a lo prescrito por los estereotipos de género.

A la construcción de las identidades sexuadas colaboran todas las agencias socializadoras: la familia, la escuela, el grupo de iguales, las instituciones sociales y, de manera predominante, los medios de comunicación.

Los medios de comunicación, especialmente a través de la publicidad, contribuyen a reforzar las identidades de género, reproduciendo el repertorio de estereotipos asignados a lo masculino (fuerza, dinamismo, movimiento, energía, competitividad, riesgo...) y a lo femenino (pasividad, seducción, reducción a lo corporal, frivolidad...…).

En realidad, están configurando una ideología sexual a manera de imaginario que legitima la ideología patriarcal, basada en la superioridad de lo masculino sobre lo femenino.
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